quinta-feira, 20 de janeiro de 2011

Una pesadilla bien pesada

Una pesadilla bien pesada
¡Cuantas veces he sentido un malestar físico o moral y en la cama, todo se calma, aunque no tenga apelado para los tranquilizantes! ¡Cuantas otras soy sorprendida con pensamientos y sueños terribles sin que les encuentre explicación! Entonces ¿por qué las pesadillas? Francamente, no lo sé. No hay, una relación estrecha entre las pesadillas y las aflicciones de la vida. Por lo menos, en mí caso, pues tengo poca cultura psicoanalítica. Mi lectura de Freud y de otros tantos gran señores de la medicina psiquiátrica no es profonda a punto de saber de los preceptos de la interpretación de los sueños. Y cuando llevo el relato de uno de ellos a mi sessión de psicoterapia, a veces ocurre que dicho sueño no me dice nada, mientras la doctora lo interpreta con miles de razones. Para ella, seguro que es claro el significado que yo ni siquiera imagino.
La noche de ayer, por ejemplo, sin justificativa, fue llenada por una sola pesadilla, una história fantástica que me ha poblado incluso todo el día seguinte. No sería un cuento de horror porque yo no sentía nada: estaba indiferente, tomada de una tranquilidad estraña – lo que casi siempre me pasa en las pesadillas -, para mi sorpresa.
Confieso ser una histerica que grita a grito pelado por una lagartija casera, no importa que me digan cuán preciosa es para comer los mosquitos, esos pequeños insectos que me dejan cabreada. Y delante lo extraordinario de los sueños más difíciles, nada: ninguna emoción.
Me acosté a la medianoche, como siempre, sin asistir a las peliculas más violentas, de hacer los pelos de punta, mi conducta preferida para no no tener insomnia. No he visto ningún vampiro sexy que a los adolescentes tanto les gusta, no he asistido al masacre de los animales, scena común en la television de programas ecológicos, ni la sangre brotaba de las heridas de animales y hombres. Deberia tener un sueño de ángel, pués.
A pesar de mis precauciones, me vi inundada por los chuzos de punta de lluvía causada por uno de esos fenómenos de nombres absurdamente delicados, El Niño, La Niña... de lo que intentaban escapar un montón de elefantes oscuros cubiertos de lama.
En la casa, estaban mi hermano, un jóven de diecieocho, veintanos – mi hermano verdadero tiene más de sesenta -, una señora de edad avanzada con una panza increíble, que los muchos años garantizaban no ser de embarazo y yo, con una barriga casi igual, con la diferencia de que estaba embarazada de verdad.
Los elefantes corrían como locos, pero empezaron a intentar entrar por las puertas, ventanas y paredes, sin que nosotros sentísemos miedo. Al contrario, mi hermano los acariciaba y repetía:
- ¡Pobres animales! Tienen que pagar por las acciones increíbles de los hombres en cuentra la naturaleza. Tengo que ayudarlos.
-

Lo más extraño es que los elefantes de mi sueño no barrían, no gemían, no hacián nada de mal, como se supone que hagan en la hora en que sienten miedo. Investían en cuentra las paredes, como se fuesen de papel, por su fuerza. Y nosotros lo aceptábamos a esto también sin miedo. Sobre todo, mi hermano que, de un salto, se montó en uno de ellos, para salir de la casa. Nosotras las mujeres no reaccionamos tampoco nos espantamos: era natural.
Por la mañana, la primera pregunta que hice a mi empleada fué:
¿Sabes si nuestro popular juego de los animales( jogo do bicho) tiene la categoria elefante?
Ella no supe responderme.
Me senté para el café y me de vuelta con la cabeza hasta la mesita redonda de la sala que la tengo llena de elefantitos de mi colección. Descubri todo: mi colección era modesta.
- Tengo que abrir las puertas para recibir más elefantes!

Maria Lindgren

Um comentário:

Efigênia Coutinho disse...

Estimada Maria Lindgren, hoje aqui venho ler seus textos e poesia, e agradecer sua sempre distinta pessoa, onde sempre tem uma palavra amiga a minha pessoa. Como o mundo precisa de seres humanos,fraternos,solidarios como o de sua pessoa, muito grata, sempre, com admiração e respeito,
Efigênia Coutinho

Lento..., extrato de poema de Natercia Freire

" Estou no fundo ou estou nos cimos?
Estou morta ou estou a sonhar?
Tenho as mãos presas nos limos
ou molhadas de luar"


Boas-vindas

Minha gente querida
Agradeço muito a visita a meu vício mais atual de escrever.
Que gostem e me perdoem os errinhos. Sou uma velha novata.
Maria Lindgren